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Diario de Balász Báthory

Mensaje por Balász Báthory el Lun Mar 21, 2016 11:43 pm

Tula
Primavera | 1987 | Infancia
Tula estaba inquieta, incluso desesperada. Tres o cuatro cachorros se habían caído por el camino y estaban lloriqueando; ella los atendía de inmediato, su largo hocico se inclinaba para prodigar un lametón tranquilizador, pero de inmediato regresaba a la valla y gemía. Balász contemplaba a la perra con una mezcla de desconcierto y fascinación. Sujetaba dos de los cachorros más pequeños de la camada que le había entregado su padre. De hecho, fue su voz la que le hizo dar la espalda a los acuosos ojos de Tula y seguirlo bosque adentro. Un íntimo cosquilleo hacía que el niño sospechara de una sorpresa. Tanto él como sus hermanos habían manifestado en alguna ocasión el deseo de tener una mascota; no un simple perro de caza que solo cumpliera con esa función, no, sino un cachorro al que mimar y confiarle la ardua tarea de eliminar restos de comida incapaces de satisfacer las exigencias de los paladares de sus dueños más inmediatos. András se detuvo al lado del arroyo. Balász colegió que los iba a lavar, ¡tal vez para meterlos en casa! No demostró la emoción que lo embargó. Su padre había separado tres bebés y ellos eran tres hermanos, las evidencias hablaban por sí solas.

Se antojaba lógico, entonces, que el señor Báthory los distribuyera entre sus tres hijos, pero no era esa la sorpresa que aguardaba al primogénito. András se arrodilló y metió al primer cachorro dentro de la corriente. Cuando lo sacó, daba la impresión de que se había transformado en un muñeco. Sus miembros estaban flácidos y ya no emitía sonidos lastimeros demandando regresar con su mamá. El vello de la nuca de Balász se erizó. No abrió la boca en absoluto, pero por su expresión demandaba una explicación.

-Son los más débiles, Balász. Tula ha tenido demasiados cachorros y estos no van a ser buenos cazadores, la harán enfermar y perjudicarán a sus hermanos. Así hay más leche para todos-explicó András mientras hacía un gesto para que su hijo se acercara a él.-Ahora tú. Es rápido.

-¿Pero cómo sabes que no van a ser buenos? ¡Si ni siquiera están entrenados!-Protestó en actitud protectora hacia los animales sin arrepentirse tras la fiera mirada que le arrojó su padre. Su paciencia se estaba agotando.

-¿Quieres que Tula enferme? Parirá más en un tiempo. ¿Tú eres débil acaso? No te estoy criando para que seas débil.-Había una amenaza implícita en sus palabras que hizo estremecer al niño. Su padre podía ahogarlo en el arroyo como a los cachorros de Tula si se le antojaba. Nadie había venido a por los perritos, nadie vendría tampoco a por él.

Se postró al borde del arroyo y dejó a uno de ellos en la tierra. No podía engañar a su padre porque estaba observando con atención cada uno de sus movimientos. El procedimiento era súmamente sencillo, pues consistía en sumergir al animal en el agua y mantenerlo apenas tres minutos. Debía de ser una muerte espantosa. Él sabía bucear y también cómo arden los pulmones cuando no encuentran aire a su disposición. Como plus estaba, además, la presión y la angustia de verse rodeado por aquello que produce la muerte. Pero, sin embargo, no vaciló cuando introdujo al primer perrito. Su gemido se vio cortado tan pronto como el agua se escurrió por esas fauces sin desarrollar. El corazón de ambos latía deprisa, sincronizado. El niño notaba el terror del cachorro en sus propias manos y no sin malestar comprobó cómo incluso un ser tan pequeño tenía la intención de aferrarse a la vida. Intención que no duró mucho. Lo sacó del agua despacio, impresionado por su repentina tranquilidad. Podría estar dormido de no ser porque acaba de ser ahogado. Su padre asintió con aprobación, pero Balász tenía el estómago revuelto.

Zveta le limpió la cara con su delantal, le secó las lágrimas con un amor desconocido en su propia madre y le dijo que eso estaba mal. Balász le había confesado lo que había hecho en el arroyo y también le dijo que había intentado salvar al segundo cachorro, pero no sabía cuánto tiempo tenía que mantenerlo bajo el agua para que quedara solo inconsciente y no muerto. Ya no se atrevía a acercarse a Tula ni quería saber nada de ella por vergüenza. Había matado a dos hijos suyos.




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Nobleza | Rey de Hungría

Balász Báthory

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